Son una especie química inestable con un poder reactivo ya que posee un electrón desapareado. Se producen en la respiración con la presencia de oxígeno, que aunque es imprescindible para nuestro organismo, también induce la formación de éstas moléculas que provocan a la larga efectos negativos para la salud.
Nuestro cuerpo posee células que se renuevan constantemente como las del hígado, la piel, y otras que no se renuevan nunca como las neuronas. Los radicales libres son los encargados de disminuir la funcionalidad de estas células o simplemente contribuyen a la formación de cáncer por mutaciones genéticas.
Las situaciones que aumentan la producción de radicales libres son: La contaminación ambiental, el tabaquismo, las dietas ricas en grasas, exposición excesiva a las radiaciones solares, exceso de alcohol, radiaciones y polución ambiental, inactividad física y obesidad, entre otras.
Las LDL ("colesterol malo") son muy sensibles a la oxidación; los macrófagos las captan y se transforman en células espumosas disminuyendo su funcionamiento y depositándose en la pared de los vasos, produciendo arteriosclerosis y accidentes cardiovasculares. Por su acción también disminuyen la inmunidad del organismo por la cual predisponen a las infecciones y al cáncer, debido al daño que pueden causar al ADN.
Los antioxidantes son sustancias cuya presencia inhibe o reduce la tasa de oxidación y como tales son de utilidad para enfrentar a los radicales libres. Son de naturaleza variada como; vitaminas, minerales, polifenoles, enzimas y otros productos biológicos.